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¿Cuán cerca estas del Reino de Dios?

-por Jorge L. Trujillo  


Marcos 12 (Mt. 22:40)

 28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?     29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.  31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.  32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.


  1. La predicación del Reino

    Cuando Cristo comenzó su ministerios lo hizo diciendo “arrepentíos y convertíos que el reino de los cielos se ha acercado”(Mateo 4:17).  Interesantemente la predicación de Cristo establecía rotundamente que el reino tan esperado por Israel se había hecho presente y la hora de su aparición había llegado.  Antes Que Cristo viniera, Juan el Bautista también predicó que el reino de los cielos se acercaba (Mateo 3:2).  Ciertamente el reino prometido había llegado a los hombres.  La profecía de Isaías se daba en cumplimiento: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” (Isaias 9:6-7). 

  1. Propósito de la predicación del reino

    La predicación del reino tenía como propósito que aquellos a quienes se les predicaba se acercaran a “buscar el reino de Dios y su Justicia”. (Mat. 7).  En vez de recibir el reino muchos lideres religiosos de Israel se opusieron a Cristo y su mensaje del reino.  Aparentemente ellos no entendían la verdadera naturaleza del reino.  Para ellos el reino era de carácter físico lleno de glorias terrenales para los judíos.  Ellos pensaban en un reino en el cual el Cristo les libraría del yugo Romano y quizás hasta le pondría a ellos por encima de ellos.  Al ver las sanidades que Jesús hacía muchos de ellos pensaron que en verdad el carácter del reino era uno de “sanidad físia”, “milagros abundantes”, etc. por eso procuraron “hacerle rey” (Juan 6:15).  Sin embargo estaban equivocados en cuanto al carácter del reino de Dios y Cristo se fue de en medio de ellos.  Pablo nos dice cual es el verdadero mensaje y propósito del reino:  “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Rom. 14:17).  Para ellos el reino estaba definido como uno de carácter terrenal, un reino de bienestar físico pero no fue así, Cristo no les ofreció lo que ellos esperaban.  Cristo más “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”.  También les dijo cuales serían las características de los verdadero herederos del reino (Las Bienaventuranzas de Mateo 5).  En realidad eso no tenía nada en común con el tipo de reinado celestial el cual esperaban los Judíos y comenzaron a rechazarle.

  1. Preguntas y Tentaciones hechas a Jesús

    Muchos de los que vivían en el tiempo de Cristo negaban y rechazaban sus palabras y buscaban la manera de hacerle quedar mal ante todos para avergonzarles pero Cristo siempre contestaba sus preguntas de manera que eran ellos quienes salían avergonzados.  En cierta ocasiones los Fariseos al ver que Cristo contestaba bien las preguntas que le hacía y les silenciaba con palabras llenas de sabiduría, se propusieron hacerle una pregunta a Jesús a ver cual era su contestación.  Ellos escogieron de entre ellos un hombre “interprete de la ley” para que le hiciera la pregunta a Jesús.  La pregunta fue “Cual es el primer mandamiento”.

    Los estudiantes de la Biblia que han contado las leyes contenidas en el Antiguo Testamento dicen que son 603 en total.  Ahora, eso a la verdad es una gran cantidad de mandamientos- ¿Quién puede acordarse de tantos mandamientos?.  La lista dada a Moisés en tablas de piedras contiene “diez mandamientos” Eso no es tanto como 603 pero todavía son bastantes.  Aunque parezca increíble esos diez mandamientos no son fáciles de guardar, sin embargo había algunos que se jactaban de guardarlos.  Recordamos la historia del Joven Rico (Mateo 19:16ss ) que vino a Jesús para saber como obtener la vida eterna. Él dijo a Jesús que había guardado todos los mandamientos desde pequeño.  Sin embargo, vemos en esa historia que ese joven, aunque se jactaba de tal cosa, había fallado en guardar el mandamiento más importante de todos “amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas....” .

    Esa fue la respuesta de Jesús a la pregunta que le hizo aquel interprete de la ley que tanto sabía sobre los mandamientos.  Este hombre quedó impresionado ante la respuesta de Jesús y contestó de la siguiente manera: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.” 

    El hombre estaba “celebrando a Jesús” porque había contestado bien.  El dijo “sabes mucho”, “de verdad que haz estudiado bien la ley de Moisés”, pero el no sabía que quien estaba frente a El fue el mismo que le dio la ley a Moisés.  Cristo era el mismo Jehová que habló a Moisés en le Antiguo Testamento.  Pero cuando Jesús oyó las palabras de este interprete de la ley, le contestó “No estás lejos del reino de Dios”.

  1. “No estás lejos del reino de Dios”

    ¡Wow! Cristo con estas palabras nos confirma que el reino de los cielos se consigue no con “sacrificios” ni “holocaustos” sino “amando a Dios sobre todas las cosas”.  Existen dos cosas importantes las cuales hacen que un hombre, mujer o niño se acerque al reino de los cielos. 

    Dios es Uno

    Primeramente debe reconocer que “Dios es uno” y también que es “único”. No hay otro Dios fuera de Él, ni semejante a Él.  Dios es el creador del cielo y la tierra y todo lo que en ellos hay.  Dios es soberano, todo lo gobierna y dirige según sus propósitos eternos.  Dios es omnipotente, el todo lo puede, no hay cosa imposible para El.  El es omnisciente, conoce al más mínimo detalle todas las cosas pasadas, presentes y futuras.  No es un Dios que está perdido y confundido sin saber que hacer porque no sabe que ha de ocurrir mañana. No, Dios sabe todo lo que ha de ser y llama lo que no es como si ya fuese, y establece el futuro desde el principio. 

    Ese Dios es santo.  En el no hay pecado ni tolera el pecado.  El demanda santidad de todas sus criaturas y en el no hay el más mínimo rasgo de pecado.   El demanda que su pueblo sea santa como El es santo.  Es un Dios recto que castiga el pecado y la desobediencia.  Ese Dios es grande en misericordia, se acuerda de sus hijos que le aman y le responde “conforme a sus riquezas en gloria”.  Él está atento a nuestra necesidad.  Es un Dios de gracia y perdón. Es un Dios que da gracia y arrepentimiento a su pueblo.

    El  hombre de esta historia estaba más cerca del Reino de Dios que el joven rico que fue a Cristo a preguntar sobre la vida eterna. Aquel pensaba que todo lo que tenía que hacer era “guardar los mandamientos” y se puso contento cuando Cristo le dijo “los mandamientos tienes”.  Él contestó “los he guardado TODOS desde mi niñez”.  Seguramente el joven esperaba que Cristo le dijera “pues ya tienes la vida eterna”.  Pero no fue eso lo que Cristo le contestó sino que le dijo que aunque había hecho bien le faltaba “una sola cosa te hace falta”.  ¿Será posible que todavía le falte una cosa a alguien que ha guardado TODOS los mandamientos desde su juventud? Precisamente eso fue lo que Cristo le dijo.  Cuando Jesús escudriñó el corazón de aquel joven, se pudo dar cuenta que la obediencia a los mandamientos no era ‘producto’ de un amor genuino hacia Dios.  Dios no era lo primero en la vida de aquel joven.  Por eso Jesús le dijo “ve y vende lo que tiene y dalo a los pobres, luego ven y sígueme”.  Nos dice la Biblia que el joven se alejó muy triste. 

    No sabemos si aquel personaje en algún momento hizo lo que Jesús le mandó que hiciera.  Lo cierto es que lo primero en el corazón de aquel joven no era Dios.  El no amaba a Dios con toda su alma y con todas su fuerzas.  La razón de vivir no era Dios sino sus riquezas y sus posesiones. Ciertamente muchos han llegado a pensar que con solo “hacer lo que Dios pide” es suficiente y algunos se han jactado de haberlo hecho, sin embargo, si esas obras no proceden de un corazón que ama a Dios tales cosas NUNCA sirven de nada.  Aunque obedecer a Dios es importante y El se agrada de aquellos que como el joven rico se preocupan en “guardar” sus mandamientos, nosotros no somos salvados por eso sino por nuestra relación con Dios- porque le amamos con todo nuestro ser. Porque venimos a El por medio de Cristo, siguiéndole y dejando que el gobierne TODO nuestro ser.

    Amor hacia Dios

    Una vez hemos entendido quien es este Dios unico y poderosos que se a revelado a la humanidad con el nombre de ‘YHWH’ o ‘YAHWEH’, entonces debemos de AMARLE con todo nuestro ser.  Cristo dijo que este amor hacia Dios no debe dejar fuera NADA de lo que somos.  Es un amor total y completo, un amor indivisible ni compartido con nada ni nadie. Jesús dijo “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”. 

    Este amor hacia Dios incluye nuestra vida (corazón), nuestro ser espiritual (alma), nuestro ser intelectual (entendimiento) y nuestro ser físico (nuestras fuerzas).  Es decir, la razón de vivir debe ser Dios.  Pablo decía “no vivo yo más vive Cristo en mí”.  Debemos de dejar que Dios sea la razón de nuestra vida.  Todas las inclinaciones de nuestro espíritu deben ser hacia Dios.  No debe quedar nada en nuestra alma que tenga tendencias a poner otras cosas en primer lugar que no sean Dios, su persona, Su reino, Su dirección, Su Palabra, Su gente que es Su pueblo que es Su iglesia.  Todo en nuestro ser espiritual debe de ir dirigido hacia Dios. Además, no debe quedar nada de nuestro entendimiento que no esté dirigido a la comprensión de ese Dios tan grande y maravilloso.  Tenemos que buscar seguir a Dios y conocerle de forma ‘racional’ (Rom. 12: 1-2).  “El pueblo perece por falta del conocimiento de Dios”.  Algunos rechazan cualquier idea de conocimiento intelectual y razón en cuanto a la relación con Dios.  Pero Cristo nos dice que debemos amar a Dios con toda nuestra mente- ¡con el entendimiento y el pensamiento!  A Dios le amamos entendiendo lo que hacemos y nuestra mente debe ser dedicada en su totalidad a amar “al Señor nuestro Dios”.  Finalmente nuestro amor hacia Dios se debe hacer patente en nuestra conducta.  La forma en que conducimos nuestra vida, las cosas en las que nos envolvemos debe dejar claro que estamos dedicando a Dios todas nuestras fuerzas.  Todo lo que hacemos con las fuerzas de nuestro ser físico deben estar dirigidas y guiadas por el amor a Dios. Nuestro “accionar” diario desde que nos levantamos hasta que nos acostamos debe ser guiado por el “amor hacia Dios”.

5. ¿Cuán cerca estas del Reino de Dios?

Él interprete de la ley recibió unas palabras inesperadas de parte de Jesús – “no estas lejos del reino de Dios” – Estas palabras eran ‘positivas’ y al mismo tiempo ‘negativas’.  Aunque aquel interprete tenía todo el conocimiento correcto de manera que se había acercado bastante al reino de Dios – todavía no estaba en el reino de Dios. Esto nos dice que el reino de Dios es mucho más que “saber” y “conocer” lo correcto.  No importa cuanta teología sepa, cuanta Biblia halla estudiado o cuanto sepamos sobre Dios – todo ese “conocimiento” aunque es beneficioso, no lo es lo suficientemente beneficioso si no resulta en una práctica de vida.

Esto es muy interesante porque a veces le pregunto a mis niños o algunas personas jóvenes, ¿Qué es lo más importante en tu vida? Para ver que me contestan.  Algunos tienen muchísimas cosas MUY importantes en su vida: la familia, los hijos, el hogar, la salud, el empleo, etc. y otros si se acuerdan, ponen a Dios en segundo, tercero o cuarto lugar.  Pero algunos me dicen que lo primero es Dios. Esta noche te pregunto lo mismo y quizás me contestaras ¡“DIOS” ES LO PRIMERO EN MI VIDA! ¿Pero será cierto eso? ¿Cómo lo podemos saber? ¿Cómo sabemos si verdaderamente Dios está en primer lugar en tu vida?  La contestación se encuentra en las palabras que habló Jesús al joven rico.  Lo podemos parafrasear así “sal de todas aquellas cosas que están ocupando el lugar de Dios en tu vida, esto te dejara sin nada en que confiar ni amar y entonces podrás enfocar TODO TU SER en amar solamente a Dios – luego ve y reparte todas las ganancias entre los que necesitan – dalo a los pobres”.  sabemos que Cristo dijo “nadie puede servir a Dios y las riquezas” y “nadie puede servir a dos señores porque amará a uno y aborrecerá al otro”.  Finalmente podemos decirte “sigue a Cristo”.  Nadie puede decir que ama a Dios si no ama a Cristo.  Es Cristo el único camino hacia Dios y es necesario que todos los que quieren acercarse a Dios lo hagan por medio de la fe y la confianza en Cristo.  En ningún otro hay salvación.

¿Cómo sabemos si estas siguiendo a Cristo? Hay forma que la Biblia nos indica sobre como saberlo.  Miremos una breve lista de cosas que nos indican si en verdad estamos siguiendo a Cristo.  Si de verdad estamos “dentro” del reino de Dios o si solamente estamos “bien cerca” pero todavía no hemos entrado.

6. Cosas que nos indican si estamos ‘cerca’ o ‘dentro’ del reino de Dios:

1.       Amor hacia el prójimo: El Segundo mandamiento que Cristo dijo ‘depende’ del primero: “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” Toda persona que ama a Dios por obligación ama también al prójimo.  No desea nada malo para aquella persona sino que desea para el o ella lo mismo que desea para si mismo.  La Palabra de Dios nos dice que “el que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso... y está todavía en tinieblas” y el amor del Padre no está en el.  En 1 Corintios 13 se nos habla de las cualidades del verdadero amor.  Este amor se hace evidente en el amor hacia el pueblo de Dios.  Cristo dijo “en esto conocerán que son mis discípulos en que se aman los unos a los otros”.  El amor hacia el hermano consiste en ver a otros como mayores a mí mismo.  Cuando hacemos esto, no tenemos problemas en ser servidores al pueblo de Dios.  No buscamos lo mejor para nosotros sino que buscamos el bienestar de los demás ANTES del nuestro.

2.       No amar al mundo: La Biblia dice que el que el que ama al mundo no ama a Dios.  Dice que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios y que el amor al mundo no proviene de Dios.  Es triste decirlo pero muchos en nuestros días no solamente aman al mundo sino que quieren ser como el mundo.  Desean sus aplausos y su aceptación.  Algunos “cristianos” quieren borrar cualquier tipo de diferencia entre el Cristianismo y le Mundo.  Sin embargo Cristo dijo el mundo os aborrecerá porque no sois del mundo. 

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.  Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 Juan 2:15-17)

Es triste ver como tanto jóvenes como viejos quieren vivir una “vida cristiana” tan y tan parecida al mundo que casi no hay diferencia.  En tiempos pasados las personas se distinguían A DISTANCIA del mundo en la forma de vestir, de comportarse, de hablar, de pensar, de proceder, etc. PERO ahora esto ha ido cambiando, y muchas de las personas quieren tener un gran parecido con el mundo en todo.  Los jóvenes quieren ser y hacer como los de el mundo, los “ministros” cristianos quieren los aplausos y la aceptación del mundo y de los pecadores, no existe un compromiso total con Dios sino que se quiere “atraer” al mundo.  ¿Es esa tu situación? Porque si la es, es muy posible que el amor del Padre no esté en ti.

3.       El buscar a Dios:  Cristo dijo a sus discípulos “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” y en otra ocasión le dijo “no hagáis tesoros en la tierra sino haced tesoros en los cielos”.  Tristemente muchos ponen su mirada y confianza en otras cosas que no son el reino de Dios.  Debemos buscar a Dios en todo tiempo.  A Dios debemos buscarlo en la mañana cuando nos levantamos, durante el día en todo lo que hacemos, y en la noche antes de acostarnos.  Dios debe ser el centro de nuestra vida.  Desear ser agradables a el en todo debe ser la razón de vivir. 

Pueden haber muchas cosas que se interpongan entre usted y el amor total hacia Dios.  No importa si usted es rico o pobre.  Para el rico “las riquezas”, “las posesiones” y “lo material”  pueden ser el problema, para el pobre el deseo de las riquezas, de bienes y de posesiones puede ser el obstáculo.  Quizás usted tiene el conocimiento adecuado de Dios y sabe que debe ser amado por sobre todas las cosas, pero en la práctica tal conocimiento no es evidente.  Es posible que usted esté hoy “no lejos del reino de Dios”, es posible “que esté bien cerca”.  Hay quienes siendo personas “muy religiosas” están todavía “cerca del reino” pero no están “dentro del reino”.  Es posible asistir a la iglesia, estar envuelto en la iglesia, en las actividades de la congregación, cantar alabanzas, ministrar al pueblo, enseñar y hasta predicar y aun así estar solamente “cerca al reino” y no “dentro del reino”.  Quizás sea la falta de amor por el prójimo, probablemente es el amor al mundo y las cosas del mundo o quizás la falta de búsqueda adecuada de Dios.

Sea cual sea la razón que le está impidiendo a usted estar “dentro del reino” debe ser quitada del medio. Hay un texto que dice Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.  Un corazón contrito y humillado Dios no ha de rechazar.  Pida perdón a Dios por no haberle amado como el lo requiere en su Palabra y dispóngase a no solamente saberlo sino también a practicarlo “venda todo lo que tiene”, despójese de aquello que ha tomado el lugar de Dios en su vida, pueden ser cosas grandes o pequeñas, sea lo que sea usted lo sabe.  Quítelo de en medio y ¡siga a Cristo!

¡Amén!

 

Predicado a los Jóvenes de la Iglesia Lirio de los Valles


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Viernes, 5 de Noviembre, 2005  

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